Harry Potter y la dimensión espiritual del relato de fantasía

A estas alturas del debate en torno al fenómeno cultural de Harry Potter poco nuevo se puede añadir. Sin embargo, con el estreno de "Harry Potter y el misterio del príncipe" llegamos a la recta final de la versión cinematográfica que concluirá con dos películas que adaptarán el último título "Harry Potter y las reliquias de la Muerte". Teniendo en cuenta que el lanzamiento literario de la primera novela de Joanne Rowling tuvo lugar en 1997 y que el final audiovisual será en torno al 2012 bien está aprovechar el momento para reevaluar esta década y un lustro donde el aprendiz de mago ha estado en el centro de la escena literaria y cinematográfica.

David Yates, cineasta que procede del mundo de la televisión británica, repite ya que había dirigido la entrega anterior "Harry Potter y la orden del Fénix" (2007) y según la productora estará tras las cámaras en las dos últimas entregas. Los anteriores episodios estuvieron a cargo de Chris Columbus -"Harry Potter y la piedra filosofal" (2001) y "Harry Potter y la cámara secreta" ( 2002)-, Alfonso Cuarón que dirigió "Harry Potter y el prisionero de Azkaban" 2004) que se considera la mejor de la serie desde el punto de vista cinematográfico y Nike Newel que tuvo a su cargo "Harry Potter y el cáliz del fuego" (2005). Con lo que estamos en un momento de la serie donde comienzan a situarse los personajes para el desenlace final. Un episodio de transición, en la adaptación se han tenido muy presente la reserva para los escenarios finales, pero que ya señala el futuro donde los protagonistas no son niños y donde la presentación formal se reviste de tonos dramáticos más oscuros y lúgubres con los que se expresa la radicalización del enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal.

En "Harry Potter y el misterio del príncipe" se reincorpora a Hogwarts el antiguo profesor de pociones Horace Slughon (Jim Broadbent). Este pone en manos del joven Harry (Daniel Radcliffe) un curioso libro propiedad del príncipe Mestizo con unas sugerentes anotaciones al margen. La intención de fondo de Dumbledore (Michael Gambon) es instruir a Harry sobre el origen de Voldemort para así prepararlo como Elegido para el combate final. En el lado del bien el crecimiento del grupo de muchachos les lleva a la adolescencia y con ello al cruce de relaciones: a Harry le atrae secretamente Ginny (Bonnie Wright) y Ron (Rupert Grint), después de algún devaneo, se decanta por Hermione (Emma Watson). En el lado del mal Voldemort a través de Narcissa (Helen McCrory) y Bellatrix (Helena Bonham Carter) fichan con un Juramento Inquebrantable al oscuro y hasta ahora irrelevante profesor Severus Snape (Alan Rickman) y colocan al frente de la agresión al joven Draco (Tom Felton). Pero en esta hora arriesgada las revelaciones y la personalidad de Dumbledore cobran especial trascendencia. La búsqueda de los Horrocrux que contienen los trozos del alma de Voldemort se convierte en una misión mortal.

La mezcla del drama y el humor, vinculado a los escarceos amorosos, permite el contraste para el entretenimiento en un metraje demasiado prolongado, dos horas y media largas. Sin embargo, se pierde la fuerza dramática de los importantes acontecimientos que tienen lugar. Así las escenas son imaginativas y con una interpretación sobresaliente pero carecen de la emoción necesaria que se descentra en aspectos secundarios. Los efectos especiales son especialmente acertados, como el ataque al puente del Millennium en Londres, el partido de Quidditch o la escena, probablemente lo más logrado de la película, donde todos los miembros de Hogwarts logran elipsar con sus varitas la Marca Tenebrosa. Así pues, en el relato pasan cosas, se desvelan secretos y evolucionan los personajes pero parece que el drama se remite a más adelante, aunque sea dentro de dos años, plazo en torno al cual llegarán las próximas entregas.

Cabe recordar que la obra de J. K. Rowling se inserta en la rica tradición británica de la literatura fantástica que irá desde lo más popular en este caso la influencia de Enyd Blyton con sus relatos sobre internados, Ursula Le Guin con su "Un mago de Terramar" y, sobre todo, Lewis con sus niños en contacto con el mundo fantástico y Tolkien con sus sagas sobre la lucha del bien contra el mal desde el progreso interior de los protagonistas. En este sentido el cine fastástico con la adaptación de algunas de estas obras y las propuestas de directores como Night Shyamalan, Tim Burton o George Lucas también se mueve en esta perspectiva.

En clave de reevaluación, es necesario recordar que la literatura y el cine fantástico pueden ser uan excelente ocasión para la apertura a la trascendencia, el reconocimiento de la dimensión espiritual y la educación moral de lectores y espectadores. Entre los valores que comparte la obra de Rowling cabe señalar la presencia del mundo mágico que busca más allá de la mediocridad caricaturizada en el mundo de los muggles; la presencia de mundos invisibles que indican la trascendencia más allá de lo visible, positivo y ordinario; el misterio del origen del bien y del mal que se expresa especialmente en las figuras de Dumbledore y Voldemort; la búsqueda del hogar como lugar de sentido y felicidad; la asunción de la vida como misión y de la infancia y adolescencia como viaje iniciático; el fondo de bondad que cada persona lleva en sí mismo y que le sitúa ante la libertad de elegir el bien; la posibilidad del arrepentimiento y de la conciencia como elemento de discernimiento; la disposición al sacrificio generoso por los otros; y la búsqueda del sentido más allá del dolor y las dificultades.

Sin embargo, en cuanto relato postmoderno la mezcla de perspectivas religiosas y metafíscas diversas coloca la saga de Harry Potter cerca de territorios sincretistas propios de la new age. Así la antropología se resiente de la limitación de la experiencia de la gracia que procede de Dios y que las obras de Lewis y Tolkien tanto han destacado; de forma explícita el primero y de forma sútil e implícita el segundo. La figura de los mentores termina por ubicarse exclusivamente hacia la búsqueda interior pero diluye un amor fundante y mayor que sostiene la bondad más allá y acompañando las luchas y elecciones de los seres humanos. Por más que quede la añoranza del hogar original el relato se plantea de forma ambigua para ampliar el público pero para estrechar la mirada que queda recortada de perspectiva.

Concluyendo, en cuanto referencia cultural se trata de una propuesta sugerente porque plantea interrogantes y dispone actitudes que implican la dimensión espiritual en un mundo que frecuentemente la eclipsa. La crítica por esoterismo y brujería no deja de ser superficial, aunque en algunos ambientes adecuada. El problema estriba en esta trascendencia sin Dios y en esta espiritualidad sin encuentro personal. Un paso que en este caso no da esta literatura, y menos este cine que tampoco llega a su altura y se mueve muy directamente desde intereses comerciales.