Frozen River, donde tras el hielo emerge la bondad

Frozen River ha pasado por los prestigiosos Festivales de Sundance, donde ganó el primer premio, y Donostia-San Sebastián del 2008, donde también tuvo dos premios importantes, además una de sus actrices principales Melissa Leo fue nominada como mejor actriz y también este film tuvo la nominación al mejor guión original en los Oscars del 2009. Sin embargo, ha tardado casi dos años en llegar hasta nosotros. Lo que evidencia las dificultades de distribución de algunas buenas películas y, lo que es más grave, la falta de orientación del público que frecuentemente se decanta por lo más publicitado aunque sea, y con diferencia, menos valioso. Así que se trata de film recomendable aunque nos tememos que pase un tanto olvidado.

Se trata de la historia de dos mujeres: Ray, madre abandonada por su esposo con dos hijos, magistralmente interpretada por Melissa Leo; y Lila, una india mohawk marginada por su tribu y a la que han quitado a su bebé que está interpretada con mucho acierto por una desconocida Misty Upham. Ambas se encuentran en un medio helado, no sólo por una naturaleza inhóspita y peligrosa sino porque la supervivencia en situación de pobreza y la marginación se hace cada día una inmensa tarea para una espaldas que apenas pueden sostener el ánimo. Su fortuito enfrentamiento inicial se irá trastocando en una amistad fundada en la condición de mujeres y en el lazo invisible de una maternidad compartida más allá de sus propios hijos. Envueltas en una intriga donde pasan la frontera a emigrantes chinos y paquistaníes que están en manos de redes de tráfico de personas, sobreviven mostrando un valor y una generosidad que dicen de su calidad humana.

La cineasta novel Courtney Hunt, que procede del mundo de las ONG's, está a cargo de un guión inteligente que traza la intriga en base al compromiso de la maternidad que establece un vínculo de solidaridad entre las mujeres. Con una clara denuncia del tráfico de seres humanos analiza las causas en un sistema que genera una pobreza en la cual las condiciones de vida exigen opciones desesperadas. A pesar del ambiente de desamparo, de la lucha de las protagonistas por salir adelante y de las dificultades económicas de un mundo que exige consumir y no da las oportunidades para trabajar; a pesar de todo, emerge lo mejor del ser humano. No es, pues, una película complaciente, y en muchos momentos se hace inquietante y dura, sobre todo por el sufrimiento de los más débiles. Pero en medio de las dificultades surge lo mejor de los personas y emerge una fraternidad/sororidad que enlaza a blancos e indios, a policías y los que están fuera de la ley, a ofensores y ofendidos, a hijos y madres. Donde las personas se dan posibilidades para volver a empezar y donde el compromiso por el otro, asume los pecados, pero es capaz de avanzar hacia el amor desde el perdón.

Algunos críticos han cuestionado el guión porque tiene cierta tendencia a acabar bien, lo que tampoco es el caso. Pero parece que el pensamiento crítico con la sociedad, del que la película forma parte, siempre ha de acabar en el sin sentido y en la desesperación. Pues bien, no ocurre así. En Frozen River allá donde se desvanecen las esperanzas emergen dos mujeres y un adolescente, T.J. interpretado de forma sobresaliente por Charlie McDermott, que son capaces de tejer una red de bondad, a pesar de sus culpas y limitaciones. Un lugar donde el perdón es posible y donde el compromiso por el otro autoriza a jugarse la vida.

En este sentido, de forma sútil y implícita, la película deja ver en medio del un río helado, que le da título, la huella del Creador misterioso, que hace posible milagros como la resistencia de la vida en condiciones extremas, la concordia entre los distintos o la amistad entre los que sufren. Los cielos fríos no dejan de ser bellos, la dureza de la vida no deja de mostrar la hermosura de una bondad pascual, porque es sufrida y resistente. Aquí la denuncia social se amplia y trasciende en una perspectiva espiritual. Lo que hace de Frozen Riveruna película que no hay que perderse.